Biografìa de Edouard Manet ( 1832- 1883 )
Cuando Manet expuso su "Almuerzo campestre" en el Salón de los Rechazados, el público y la crítica se indignaron fuertemente: unos por la desfachatez del pintor al mostrar a una mujer desnuda en medio del campo, acompañada de dos hombres, otros por la composición sin relieve y colores planos.
Edouard Manet nace en París, en 1832, en el seno de una familia acomodada. Más que en el taller de Thomas Couture de la Escuela de Bellas Artes, fue en el Louvre y durante sus viajes a La Haya, Florencia y Madrid donde Manet aprendió a pintar como los grandes maestros: Tiziano, Rubens, Velázquez, Rembrandt, Franz Hals y Gaya.
La visión artística del pintor, con frecuencia insolente y provocadora, se oponía totalmente a los gustos de la época debido a su aspecto sintético, a su total desafio en lo que se refiere a perspectiva, modelado y acabado, a la manera de pintar rápida y somera, que traduce claramente la vida y el movimiento, así como a la elección de temas populares tratados en formatos ambiciosos.
Entre 1870 Y 1880, época en la que su paleta adquiere tonos más claros gracias a la influencia de Claude Monet, Manet continúa trabajando como artista independiente, al margen del movimiento impresionista. En sus obras nunca deja de usar el color negro ni utiliza las pinceladas yuxtapuestas tan características de los impresionistas. A la vez, continúa retratando la vida parisina en sus innumerables obras sobre los café-concierto, los jardines y los retratos de sociedad que factura con humor poético.
A pesar de haberse negado a participar en las exposiciones impresionistas, fue reconocido como un antecedente directo de la revolución artística que tuvo lugar en los años setentas por los jóvenes artistas que se reunían para escucharlo en el café Guerbois y, tiempo después, en la Nouvelle Athenes.
Murió a los cincuenta años, al término de una breve carrera que duraría apenas dos décadas, dejándonos la imagen de un artista que logró, gracias a su profunda comprensión de la pintura occidental, una libertad pictórica que abriría un camino nuevo para la pintura.
En esta ocasión se presentan tres retratos realizados en su particular estilo. El manejo libre de la pincelada y de la composición triangular, dan un aire casi melancólico a los retratos femeninos, en contraste con la fiera presencia de Georges Clemenceau. Berthe Morisot e Isabelle Lemonnier fueron modelos recurrentes en sus obras.
Por su parte, Georges Clemenceau fue uno de los personajes más importantes de la época. Conocido como "el tigre", mantuvo una estrecha relación con los artistas del momento -dando testimonio de ésto sus múltiples retratos realizados por Rafaelli, Carriére, Valloton o Rodin- paralelamente a su carrera como político republicano. Cuando Manet realizó esta pintura, Clemenceau contaba con cuarenta años y había consolidado su carrera como diputado; el artista lo representa de pie en la tribuna del Parlamento, con trazos libres y contornos vigorosos que reflejan su dura personalidad.
Edouard Manet nace en París, en 1832, en el seno de una familia acomodada. Más que en el taller de Thomas Couture de la Escuela de Bellas Artes, fue en el Louvre y durante sus viajes a La Haya, Florencia y Madrid donde Manet aprendió a pintar como los grandes maestros: Tiziano, Rubens, Velázquez, Rembrandt, Franz Hals y Gaya.
La visión artística del pintor, con frecuencia insolente y provocadora, se oponía totalmente a los gustos de la época debido a su aspecto sintético, a su total desafio en lo que se refiere a perspectiva, modelado y acabado, a la manera de pintar rápida y somera, que traduce claramente la vida y el movimiento, así como a la elección de temas populares tratados en formatos ambiciosos.
Entre 1870 Y 1880, época en la que su paleta adquiere tonos más claros gracias a la influencia de Claude Monet, Manet continúa trabajando como artista independiente, al margen del movimiento impresionista. En sus obras nunca deja de usar el color negro ni utiliza las pinceladas yuxtapuestas tan características de los impresionistas. A la vez, continúa retratando la vida parisina en sus innumerables obras sobre los café-concierto, los jardines y los retratos de sociedad que factura con humor poético.
A pesar de haberse negado a participar en las exposiciones impresionistas, fue reconocido como un antecedente directo de la revolución artística que tuvo lugar en los años setentas por los jóvenes artistas que se reunían para escucharlo en el café Guerbois y, tiempo después, en la Nouvelle Athenes.
Murió a los cincuenta años, al término de una breve carrera que duraría apenas dos décadas, dejándonos la imagen de un artista que logró, gracias a su profunda comprensión de la pintura occidental, una libertad pictórica que abriría un camino nuevo para la pintura.
En esta ocasión se presentan tres retratos realizados en su particular estilo. El manejo libre de la pincelada y de la composición triangular, dan un aire casi melancólico a los retratos femeninos, en contraste con la fiera presencia de Georges Clemenceau. Berthe Morisot e Isabelle Lemonnier fueron modelos recurrentes en sus obras.
Por su parte, Georges Clemenceau fue uno de los personajes más importantes de la época. Conocido como "el tigre", mantuvo una estrecha relación con los artistas del momento -dando testimonio de ésto sus múltiples retratos realizados por Rafaelli, Carriére, Valloton o Rodin- paralelamente a su carrera como político republicano. Cuando Manet realizó esta pintura, Clemenceau contaba con cuarenta años y había consolidado su carrera como diputado; el artista lo representa de pie en la tribuna del Parlamento, con trazos libres y contornos vigorosos que reflejan su dura personalidad.

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